ACTITUDES NEGATIVAS
ANTE LA VIOLENCIA
LILIAN ARELLANO
RODRÍGUEZ
a. Confundir agresor con agredido: No confundamos a agresores con agredidos; pues su
confusión provoca la violencia más grave: la de no discernir, la de confundir
lo correcto con lo incorrecto, la de dejar en indefensión absoluta a los
hombres de paz. A raíz de la sentencia a muerte de Sócrates,
decretada por una mayoría de 20 votos, pues no aceptó se le perdonara la vida a
cambio de dejar de enseñar a pensar, Antístenes, habiendo sido su adversario y
acompañándolo en el momento de tomar la cicuta (la condena se efectuaba por
envenenamiento), expresó: “Las ciudades perecen cuando no saben distinguir los
buenos de los malos».
No hay que confundir al actor de violencia con el
defensor de la violencia. Quien se da cuenta que va a ser violado-a, asaltado-a
debe defenderse y la única forma de hacerlo, dado que el o los violentos harán
uso de la fuerza, es también usando su propia fuerza (Por ello hay que
distinguir entre la fuerza o poder legítimos de lo ilegítimo). En
este caso, la víctima actúa en defensa propia: No se trata en ella de un acto
de violencia sino de defensa. A veces, la posible víctima de
violencia es alguien que está a nuestro cuidado o protección; pues no tiene la
fuerza o poder necesarios para defenderse: son niños, son ciudadanos indefensos
ante un ataque planificado, son inmueble, son animales, son nuestros hijos o
alumnos, etc. Tampoco es violento el profesor, padre o profesionales
de la defensa que actúan para proteger lo indefenso. En este caso,
la víctima actúa en defensa propia y de los que debe servir pues están bajo su
protección. Es importante, en este caso, aplicar bien el principio
moral de tolerancia y, digo bien, porque debe ser entendido palabra por
palabra:
"Principio de tolerancia: “Desgraciadamente, dado que existe el mal
natural y moral, cuando no existe ninguna otra alternativa de evitar
un mal mayor, es obligación actuar conforme el mal menor”.
Imaginemos un caso en el cual aplicar este
principio. Es más voy a colocar uno que sucedió hace varios años a
un universitario. Este joven –pongámosle “Javier”- estudiante de
tercer año de una pedagogía del área humanista, era además
karateca. Una noche, a eso de las 23 horas, de vuelta a casa en el
auto de la familia, junto a su hermana menor de 15 años y a sus padres,
al detenerse en una luz roja un grupo de tres delincuentes los intentaron
asaltar, haciendo uso de armas blancas y pistola. Rompieron el
vidrio del auto, sacaron a la fuerza a su hermana y amenazaron con violarla…
Javier, reaccionó rápidamente e hizo uso de su arma: las técnicas de kárate que
dominaba. Producto de esto, uno de los asaltantes cayó al piso, se
pegó en la nuca y murió; los otros asaltantes huyeron. Javier
y toda su familia se salvó; pero nadie festejó lo sucedido. Javier
se sintió muy mal pues jamás planificó la muerte de nadie; nunca tuvo la
intención de matar. Su única intención fue actuar en defensa de los
suyos: Fue una desgracia. Javier no es violento, fue víctima de la
violencia (existe el mal moral); él tenía el poder o la fuerza
para defender a los suyos… Así, no hizo más que cumplir con un deber
u obligación moral que tuvo consecuencias no intencionales por parte de él.
Javier es inocente. Actuó para evitar un mal mayor: el daño que podían hacer a
su hermana y padres, quienes de hecho fueron dañados con este acontecimiento.
No había otra alternativa de evitar un mal mayor. La muerte ocurrida
no fue provocada por Javier, sino por el propio asaltante; pues es una de las
consecuencias posibles de dedicarse a la violencia. Los asaltantes
actuaron intencionalmente, planificaron su acción violenta; Javier no tenía más
alternativas.
b. Evadir la violencia: Tanta violencia termina por fatigarte… Te
propones, entonces, evadirla, no verla… Es cuestión de cambiar el Programa,
enrejar la casa, no salir, no decir lo que piensas… mejor no pensar, no vaya a
ser que los furiosos además se enfurezcan contigo porque no eres parte de su
ira. Trata de ser invisible o di sí a todo o a lo que convenga y… lo
más importante, no pienses porque descubrirías que te
contradices. En muchas ocasiones, en algunas instituciones
educacionales no quieren ver la violencia existente, por una cuestión de mal
entendido prestigio. Pero sólo viendo los problemas, será posible
asumirlos y enfrentarlos. Igual ocurre en la violencia en la pareja
que trata de justificar la violencia, ocultándola ante sí
(autoengaño) y ante los demás.
«Síndrome
de negación» se llama a los procesos que se dan en quienes se niegan a aceptar
datos o aspectos de la realidad que, si los aceptaran, estiman que podrían
producir una amenaza o riesgo para su estabilidad psíquica. El problema es que
esto lleva a una grave deformación en la percepción de la realidad.
El
psicólogo y académico de la Universidad de Alcalá, Iñaki Piñuel, basándose en
unos de los mayores estudios sobre la violencia escolar, realizado en España,
sobre 25.000 escolares, en una entrevista dada al Magazine Kindsein expone[ii]:
“Ante los fenómenos violentos se practica el Síndrome de Negación
Institucional. Se intenta mirar a otro lado ante una realidad que alcanza a
1 de cada 4 escolares. Se distorsiona la comunicación, se dice que son
conflictos y no violencia, que son conductas disruptivas, que no hay que
tomárselo tan en serio, etc... Se hacen cosas a un nivel formal como constituir
observatorios, o cursos o jornadas con grandes titulares. Pero nadie apuesta en
serio por la prevención y la evaluación en serio de este problema”. Líneas
más adelante específica: “En 2004, se desarrolló en España un estudio con
13.500 niños por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero los
resultados fueron ocultados a la opinión pública. Finalmente en 2005
creamos una herramienta psicométrica, el AVE (TEA ediciones 2006), y nuestro
equipo evaluó a 4.600 niños de la CAM y en 2006 a 25.000 niños de toda España
(en 14 comunidades autónomas).”
Más
adelante, Piñuel insiste en este Síndrome Institucional que sufren los centros
educacionales: “En definitiva, se niega lo que está ocurriendo y se procura que
no se hable de ello. En torno a la violencia escolar rige una ley de silencio
que tiende a camuflar o distorsionar este problema mediante eufemismos o
mediante la confusión terminológica a veces deliberada e interesada. De este
modo para no hablar de violencia y acoso escolar se viene a hablar de la
convivencia en los centros, de clima escolar, de conflictos entre escolares, o
de comportamientos disruptivos en el aula.
La reticencia a hablar de la violencia y del acoso
escolar como un auténtico tabú social en el mundo de la educación impide
reconocer y atajar a tiempo este problema, convirtiendo a los niños en las
principales víctimas de esta falta de cuidado intelectual y científico.”
Es
interesante la respuesta que I. Piñuel da al periodista ante la pregunta
“¿Están los profesores preparados para hacerle frente (a la violencia)?” “Por
supuesto. No es necesario dotar de habilidad o destrezas o cursos al
profesorado. Lo que hace falta es restituir una autoridad que se les ha ido
retirando con las sucesivas reformas legislativas en la educación hasta hacer
de ellos colegas, a un mismo nivel.”
Impactan
las estadísticas que arroja este estudio llamado Cisneros X (año 2006) y la de
otros realizados a menores en estados Unidos. El mismo Piñuel
responde: ¿Cómo se realizó el Cisneros X? ¿Se han incluido todos los cursos?
Prof. PIÑUEL: Aplicamos cuestionarios baremados y
fiables a una muestra de niños compuesta por aulas completas entre las edades y
cursos de 2º de Primaria hasta 1º de Bachillerato. Los cuestionarios fueron
aplicados en horarios de tutorías en presencia de sus tutores. Los
niños menores de 2º de Primaria suelen tener dificultad lecto
escritora para aplicar determinadas pruebas. Por eso en Cisneros X no se ha
evaluado por debajo de 2º de Primaria. Sin embargo, tenemos evidencia de que el
problema es real por debajo de esas edades. Un estudio de la Universidad de
Stanford de abril de 2007 ha establecido que el 90% de los niños por
debajo de esas edades son víctimas de bullying.”
c. Síndrome de Estocolmo: El Síndrome de Estocolmo tiende a confundirse
con el de negación de la realidad; pues de algún modo es una forma
de negarla pero tiene especificaciones que le hacen diferente al caso
anterior.
El síndrome fue nombrado por primera vez por Nils
Bejerot, profesor de medicina, quien se desempeñó como consultor psiquiátrico
de la policía sueca durante el enfrentamiento en el banco. Este síndrome es
también conocido como Síndrome de Supervivencia de Identificación. A
partir de este suceso y de su estudio, se aplicó esta nominación a otros casos
de violencia donde las situaciones son análogas a las descritas en este caso de
“captores” y “rehenes”. Así, por ejemplo, en las de abuso intrafamiliar, en la pareja. Ahora
bien, son tres los factores que se deben dar para catalogar como tal a quienes
adoptan esta actitud ante la violencia:
La situación de violencia debe tener una constante
de a lo menos tres o más días.
La víctima debe permanecer en contacto con el
victimario.
Los victimarios muestran momentos de afectividad
para con la víctima.
Lo propio de la víctima que sufre este síndrome es
que desarrolla una relación de complicidad con el agresor; llegando a negar la
violencia que estos ejercen, de tal modo ayudarles a evadir posibles problemas
legales.
De
acuerdo con el psicólogo Nils Bejerot, el Síndrome de Estocolmo es más común en
personas que antes han sido víctimas de algún tipo de abuso: rehenes, miembros
de secta, abuso psicológico siendo niños, prisioneros de guerra, prostitutas,
prisioneros campos de concentración, víctimas de incesto, violencia
doméstica.
d. Enfrentar violentamente la violencia: Te ponen furioso los violentos, hay que
derrotarlos y ser más furiosos aún: destruirlos. Así, tu furia redobla lo que
repudiabas y, más aún, como repudias la violencia no quieres aparecer como tal;
hay que buscar un motivo que te justifique, pero el motivo es un pretexto que
rápidamente pasa a un segundo plano, pues lo que resalta ahora es “el juego de
la violencia”. Caíste en una trampa, auto- trampa, la violencia se
puede transformar en un hábito, en un vicio: la irascibilidad, la venganza.
e. Intentar el diálogo con quien emplea la violencia
elocuente: Alguien ingenuo; por su corta
edad, por su inexperiencia o porque no ha dispuesto de tiempo ni herramientas
para entender la violencia, tal vez con buenas intenciones, dice “no sigamos
con esta violencia que daña a todos: dialoguemos”. Y, efectivamente,
cuando todos tienen claro que la violencia es un estado anómalo y que la paz es
lo anhelado, que la idea no es competir sino buscar espacios y complementarse o
colaborar, cuando nadie quiere destruir al otro porque es diverso si no sólo
quiere delinear espacios para no entrometerse; cuando todos los que estaban
discutiendo o quieren dar paso a la reflexión, apelar a lo razonable y buscar
la paz, entonces, amigos, esposos, litigantes, etc., estarán en condiciones de
sentarse tranquilos y dialogar; sólo entonces serán todos confiables para dialogar
porque ninguno quiere destruir al otro; requisito imprescindible de todo aquel
que quiera ser dialogante.
f. Elocuencia violenta: Hoy es muy difícil el diálogo, pues el
violento por ser tal está imposibilitado de dialogar; primero, debe recuperar
el espíritu de paz, de respeto por el otro, de amor. Hoy, la palabra
y las razones también son agresivas. Nicol dice al respecto “Hay un intermediario
instituido socialmente: las malas razones, o sea las agresivas, forman una
disposición normal. Iniciar el diálogo es emprender hostilidades.
(…) La violencia se hizo elocuente; mejor es decir que la elocuencia se hizo
normalmente violenta. No es que antes la violencia fuera
muda. Lo que resalta como novedad es una forma específica de la
comunicación oral: una violencia de la palabra que pudiera definirse por su
precocidad. Es precoz porque no acompaña a la violencia
física, ni siquiera la anuncia, sino que se interpone entre ésta y las formas
razonables, formando una continuidad en la que desaparece todo límite entre lo
permitido y lo no permitido” (Ibíd. Pág. 54) Nicol se está
refiriendo a la palabra usada en forma astuta, de tal modo, se interponga a
cualquier forma razonable; se trata de una violencia astuta,
subrepticia (escondida) ya que quien la ejecuta no quiere ser tildado de
violento; pero la realidad es que ninguna intención de dialogar sino sólo
espera derrotar – en forma encubierta- a quien ve como irreconciliable enemigo;
haciendo un juego manipulador del lenguaje “se aplica al prójimo antes de
haberlo conocido de veras, como forma preliminar o de recibimiento, y aún antes
de haberlo madurado lo suficiente para poder comprenderlo, y comprenderse a sí
mismo. (…) Lo convenido en el nuevo régimen es la común impunidad:
sin ella no hay verdadero juego, ni lucimiento. La violencia fría de
los contendientes es tanto más efectiva cuanto más se retiene; no por freno
moral, sino por arte: cuanto más se mantiene externamente cortés” (Ibíd. Pág.
55) Aquí, se ganará por capacidad de hostigamiento y será derrotado
quien primero ceda por debilitamiento. Es común escuchar “diálogos”
como “Ya, me cansaste: haz lo que quieras; si lo que querías era que te dijera
sí o te diera dinero, ahí tienes; pero me lavo las manos”
g. Afirmas tu personalidad, antes de formarte: El problema se agrava pues quienes con más
facilidad asumen estos modelos de violencia son los niños y adolescentes; los
primeros, porque aprenden por imitación; los segundos, porque lo propio de esa
etapa de inseguridad e inestabilidad es la necesidad de ocultarla tras la
seguridad del grupo y la actitud protestataria. Todo ello, agravado por la
ausencia de una familia que no dispone del tiempo necesario para dedicarse a la
formación de los hijos, dejándolos en manos de la televisión, Internet, la
calle o “lo que la mayoría dice o hace”; sin tener tampoco ideas claras sobre
cómo enfocar situaciones muy complejas que les hace sentirse superados. Es
más, en muchos casos los niños nacen en hogares donde las mismas personas que
dicen amarse, se maltratan. Todas ello, da crédito a la frase de
Nicol: “La personalidad empieza a afirmarse antes de formarse, o se forma negativamente,
con las primeras sutilezas del hostigamiento” (E. Nicol, op. cit., p.
54).
Interesante
artículo que les permitirá profundizar sobre la psicología. de las víctimas.
Ver en Dsicovery trata sobre victimología
[ii] Entrevista realizada a Iñaki Peñuel en Magazine
Kindsein, Nº 23 de Septiembre 2007 http://www.kindsein.com/es/23/2/543/
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